
Cuando me invitaron a participar del Desafío Wi Fi no tenia muchas nociones de lo que se trataría esto. Formamos un equipo y empezamos a trabajar en un proyecto que teníamos claro sería para los jóvenes secundarios de Salamanca. Así fue como con otros voluntarios nos sumamos a esta iniciativa. En el camino la seducción y lo atractivo del proyecto fueron imanes para muchos otros. Logramos así transformar nuestra energía en roles que nos permitió alcanzar algo soñado.
En una abrir y cerrar de ojos me vi en el Centro Cultural de Salamanca con un grupo de 68 jóvenes con motivaciones muy distintas pero con el mismo fin de trabajar por su ciudad. El anhelo de organizar a los jóvenes por su gente, se cumplió.
Esta experiencia para mi ha sido muy especial ya que todo lo que hemos ido logrando en la medida que vamos avanzando es algo que no me llegaba si quiera a imaginar. Nunca pensé que lograríamos todo lo que se ha logrado, todos estos jóvenes nos entregaron cariño y confianza que me producen sentimientos que me son difíciles describir. Sólo sé que de una idea que surgió en una oficina, que soñaba con un futuro distinto para Salamanca, salió un sueño que a todos nos sorprendió gratamente.

Al resto de los voluntarios de la Fundación, a aquellos que esta vez no participaron directamente de este proyecto, quiero decirles que para nosotros fueron un apoyo y esperamos que puedan participar presencialmente de proyectos futuros. Aprovechen el espacio que les da la Mercator de aprender y seguir creciendo. Y no olviden compartir las experiencias y los conocimientos con otros

De todo corazón, gracias a los que trabajamos en este primer Desafío Wi Fi.
Macarena
Vargas Rojas














