Ya han pasado 12 días desde que los voluntarios de la Fundación Mercator llegamos a Mejillones a cumplir un sueño en conjunto con la Fundación A. Luksic A. y la Ilustre Municipalidad de Mejillones: hacer de esta ciudad el primer puerto que navega con Internet. Pero Internet es sólo parte de este sueño, estos días hemos trabajado con gente que le tenía miedo al computador y que pensaba que jamás iba a aprender a usarlo. Apenas lanzamos los cursos de alfabetización digital, los mejilloninos se inscribieron hasta saturar los cupos y “obligarnos” a hacer nuevos horarios. Es que el proyecto en Mejillones ha tenido muy buena acogida ya que hacer una comuna del siglo 21 significa mucho más que el acceso a las nuevas tecnologías que llegan con la conexión inalámbrica a Internet gratuito.

Además de la alfabetización digital básica, que consideramos fundamental para que la mayoría de Mejillones pueda aprovechar las nuevas oportunidades que llegan con el uso de las nuevas tecnologías, esta vez estamos haciendo cursos avanzados, para aquellos que quieran llegar más allá en su aprendizaje o que quieran profundizar en sus conocimientos de computación y cursos técnicos sobre computadores y conexiones de red. Por otro lado acabamos de terminar un taller de liderazgo y emprendimiento para 100 jóvenes de enseñanza media ya que comprendemos que ellos son los que, si tienen las herramientas correctas, tendrán las mayores posibilidades de generar cambios importantes para su comuna con las nuevas oportunidades que se abrirán en ella.
Pero además hemos querido rescatar algo fundamental de Mejillones; su historia. Esta ciudad está llena de historia y relatos y son éstos los que queremos destacar en la comunidad virtual de Mejillones, donde todos podrán, desde sus propias vivencias, compartir y recrear la historia de su comuna. Sin ir más lejos, en estos momentos nuestros alumnos están escribiendo las historias de sus familias, las cuales irán armando poco a poco una historia desde vivencias propias y anécdotas que se traspasan de generación en generación, para así hacer de la historia algo cercano para todos.
Estos son sólo algunos de los factores que componen este proyecto, el cual ya dejó de ser un sueño para convertirse en una realidad para la gente de Mejillones y para cada uno de los voluntarios que ha tenido la suerte de poder conocerlos y trabajar con ellos, como Mauricio Miranda, voluntario de Arica que escribió su experiencia en El Morrocotudo.